PENÉLOPE TRIP «POLITOMANÍA». REISSUE SETMANA 41, OCTUBRE 2015.

LP – Penélope Trip «Politomanía»

penelope trip politomaniaMunster reedita este disco bàsico del noise patrio.

Penélope Trip, abanderados del noise-pop, del Xixón Sound y de la transmisión de emociones distorsionadas

Penélope Trip es uno de los nombres imprescindibles de la escena musical de este país, así de rotundo. Fueron una luz que iluminó el camino de las hordas indies que asolaron nuestro país en los primeros años 90, auténticos precursores del pop experimental que triunfaba fuera de nuestras fronteras, un pop con un magnetismo especial no exento de una gran calidad.

Continuando las geometrías desarrolladas en “Hammerhead!” (Munster, 1991), los de Gijón nos entregan su primer larga duración. El ruido con una clara vocación melódica continúa siendo el ingrediente principal de un sonido que poco a poco va tomando forma. Aunque continúan sin alcanzar las grandes cifras de ventas, reciben muy buenas críticas por parte de la prensa especializada, como pone de manifiesto el hecho de que el disco sea elegido por la revista Rockdelux como segundo mejor álbum del 92, por delante de “No Sólo de Rumba Vive el Hombre” (BMG, 1992), el debut en castellano de Albert Plá.

La distorsión inunda “Tigremoon”, noise-pop con cadencia shoegazer y la voz de Tito Pintado envuelta en borrascas eléctricas, un corte intenso que es el preludio perfecto de “Helly”, sin duda una de las mejores composiciones de la banda, la potencia y la dulzura, la distorsión y la suavidad se abrazan sin tapujos con los Pixies en el horizonte. Unos irresistibles coros que se cuelan hasta el centro de nuestro cerebro, la contundencia de Covadonga a la batería y los aullidos incomprensibles de Tito Pintado ponen el listón muy alto.

“Spycho” mantiene la intensidad y los desarrollos iniciales, pero cuando parece que se están repitiendo, suena “Demo” y este extraño corte consigue captar de nuevo toda nuestra atención, con un magnetismo especial que genera una atmósfera de tensión e intranquilidad con esas frases cinematográficas -“Es la hora de levantarse, vístete pronto, hoy es un buen día”- que unidas a las bases cíclicas y a la letanía repetida por Tito hasta el convencimiento trae una calma intranquila a nuestras vidas que se rompe con el trallazo “Sugar colt”, distorsión pura y dura guiada por unas guitarras afiladas que se entrecruzan hasta la saciedad.

El disco decae un poco hacia el final, cayendo en la repetición, y las canciones pierden fuerza. Cierra “Overdriver”, manteniendo esquemas y sin dejar un pequeño hueco para la sorpresa. A pesar de ello, se trata de un buen disco, y en posteriores entregas irían dejando atrás ese amateurismo y ruidismo que los caracteriza en estos inicios, para ir consolidando su propuesta, diversificando su sonido al abrirse a nuevos estilos.

Fernando Fernández Rego