272 PAGINAS.Urdida desde hace casi dos siglos, la teoría del envenenamiento opiáceo de la población con fines políticos ha ido saltando de un lado al otro del tablero sociocultural a lo largo de la historia. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, con la creación del nuevo orden global y la asunción del prohibicionismo como asentado modelo de conducta en los estados modernos, su articulación se reconfiguró en el crisol holístico de la contracultura, propalándose a partir de entonces en el formato puramente conspiracional: «Sistema vs. ciudadano». Disfrazada de vieja incógnita en círculos amplios de la sociedad, creída como verdad irrefutable en otros, su influencia, lejos de desintegrarse en la era de la información, gravita aún hoy desde la ambigua nevera del subconsciente colectivo. Juan Carlos Usó, autor especializado en la influencia histórica de las sustancias estupefacientes -con libros como Drogas y cultura de masas, Spanish trip o Píldoras de realidad-, ejercita en este nuevo volumen su conocido músculo de historiador buceando entre centenares de fuentes primarias y desarrollando un certero catálogo de argumentos que deja en manos del lector y su sentido común el desguazado final del mito de la heroína como arma de Estado.
Reconstruir el caLEEdoscopio de Lee Kenneth Robinson (Birmingham 22.09.1957 – Madrid 27.12.2001) bien podría dar para un libro. Lee acumuló infinitas anécdotas y estuvo en otras bandas, alguna muy conocida, como Fortunate Sons, The Great Outdoors, The A-10, Yage, C‘mon Babies y Sin City Six. Para esta reedición de su único disco en solitario como Lee Robinson Machine hemos rescatado material fotográfico variado, pero sobre todo hemos querido detenernos en ese momento de autodeterminación, de explosión y fulgor, que supuso 1997-1999. Muchas personas han forzado sus neuronas y rebuscado en cajas y cajones, aunque apenas hay material preservado, pero todos los implicados que nos ha sido posible localizar han coincidido en que vale la pena intentarlo. Les damos las gracias sin excepción. Citando a Barnaby Bowles —Mercury Wheels, Sin City Six, Pleasure Fuckers—: “Cualquiera que le conoció, difícilmente podrá olvidarle”.Hay un interrogante en cuanto al año de formación de Lee Robinson Machine, pero es un hecho que “Family Album” se graba y edita en 1997 a través del sello madrileño Por Caridad Producciones, comercializado solo en CD como la referencia número 21 de su catálogo. Por encima de modas y criterios comerciales, Por Caridad —Ajo, Javier Colis y Javier Piñango— apostaron siempre por la calidad y la diferencia, desde el riesgo y una óptica experimentadora.Reseñado en las principales revistas musicales especializadas, como Ruta 66 y Rockdelux, y presentado en escasas actuaciones —La Rioja, en el Festival Serie B de 1997; Madrid, en Siroco y Garaje Sónico, 1999; Getxo, junto a Cat Power; y Bilbao, en Palladium, junto a June of 44—, “Family Album” no trascendió más allá de circuitos minoritarios pero sí llegó a manos del entorno de Lee, que ahora, a través de Matt Sullivan, de Light In The Attic y Modern Classics Recordings, actúa como potenciador del rescate de un gran disco.Por experiencia personal y laboral —su labor de producción en la sala Revolver, su trabajo en distribuidoras discográficas como Caroline y Comforte—, Lee tenía un profundo conocimiento de la música del siglo XX. En “Family Album” aporta su propia lectura de temas de gran repercusión, versionando canciones de bluesmen como Willie Dixon, en realidad un guiño a ‘Spoonful’, o Elmore James, ‘It Hurts Me Too’; el rocksteady ‘Johnny Too Bad’, popularizado por la BSO de la película “The Harder They Come” (Perry Henzell, 1972); y ‘…And I Bid You Goodnight’, canción tradicional nativa de las Islas Bahamas cantada por esclavos. Y luego está ‘Raider’, un tema más cerca de la electrónica y lo experimental, obra de Judy Henske & Jerry Yester, aunque el modelo de Lee fuera la versión de los ingleses Plainsong. En ‘Sparkbrook’, tercer tema del disco, lanza un guiño a Donovan y su ‘Sunshine Superman’. No ha podido contrastarse pero Lee bien podría haber sido el fundador del club de fans de Hawkwind en España, a quienes quiso traer de gira en la década de los 90. Y del mismo modo también era un gran seguidor de Grateful Dead; tres de las versiones de “Family Album” forman parte del repertorio de los americanos, las mencionadas ‘It Hurts Me Too’, ‘…And I Bid You Goodnight’ y ‘Spoonful’.
Desechables se formó alrededor del año 1980 en Vallirana, un pueblo del extrarradio barcelonés donde se juntaron tres amigos para formar uno de los triángulos de rock primitivo más sucios y viscerales de España: Tere (aullidos), Miguel (guitarra) y Dei Pei (tambor y caja).
Tere tenía 14 años, Dei Pei 17 y Miguel era el mayor del trío con 22. Todo empezó recién salido Pei de una hepatitis cuando Miguel le enseñó lo que se había comprado, una guitarra Arirang de 15.000 ptas que cambiaría sus vidas. Sin nociones musicales y por instinto, Miguel determinaría un estilo personal único que marcaría el sonido desechable desde sus primeros acordes.
Para empezar a forjar los primeros temas de la banda, consiguieron que el ayuntamiento de Vallirana les cediera las catacumbas del colegio nacional para poder ensayar. Tal como recuerda Pei: “Nos encerrábamos Miguel y yo solos, a las 12 o la 1 de la noche, que Tere nos decía: Iros a la… Muchas veces no quería venir. Y nuestra manera de ensayar eran ceros eternos, como mantras… En el local los tres éramos un triángulo mágico de rock’n’roll. La Tere sobre todo era una pasada porque Miguel estaba constantemente dándole caña: venga baby, venga, venga. Y le sacó toda esa timidez y niñatería en aquella belleza teenager que gastaba tan rubia y tan perfecta. Una cosa espectacular, la verdad.”
Llegaron los primeros conciertos en Barcelona a mediados del 1982 tocando por la cara, desplazándose de un lado a otro con el atrotinado Seat 600 de Pei. Tal como recuerda Jaime Gonzalo (periodista musical y amigo de la banda) la primera vez que los vio en directo: “Fue espectacular. Espectacular en el sentido de que no dejaba ser una copia de los Cramps y no iba mucho más allá lo que hacían, incluso las letras eran aliteraciones de las letras de los Cramps. Pero claro, la guitarra de Miguel era infernal. Sus limitaciones las utilizaron bien y consiguieron que hubiese buena química entre ellos”.
Por aquellas fechas conocieron a Ernest Casals, un personaje del underground barcelonés que dirigía el sello independiente Flor y Nata Records, donde editaron discos grupos mods como Brighton 64, Distrito 5, Sprays, Telegrama, etc. Casals también escribía en el fanzine Radio Carolina y un día Pei se presentó en su despacho para decirle que era una mierda, dejándole encima de la mesa una maqueta casera con tres temas de Desechables grabados en un estudio de doblaje. Ernest alucinó y a partir de ahí se convertiría en la persona que ayudó a darles un empujón para empezar a darse a conocer. Ese primer cassette se envió a Jesús Ordovás, locutor de Radio 3 en Madrid, quién radió por primera vez a Desechables a nivel nacional con el tema ‛Fuera de la ley’.
Casals convenció a sus socios de la conveniencia de lanzar a Desechables, un grupo que no acababa de encajar en sus miras, y mediante el subsello Anarchi Records, concebido principalmente para la edición de cintas y dirigido por los hermanos Ferran Sahún y Joni Destruye, se editó la primera maqueta de Desechables. Se grabó en una sola tarde del tirón y sin producción, en un lóbrego estudio barcelonés en octubre de 1982. “Hubo una tarde de feeling total, lo pasamos bien los tres y Miguel nos dio una confianza… estábamos como en casa. Desde que se empezó hasta que se acabó salió todo sin parar”, recuerda Tere.
750 ejemplares al precio de 350 ptas. La maqueta se convirtió en el mejor artefacto jamás editado de garage punk español de los 80 y mejor legado del trío original desechable debido al trágico destino que les esperaba. Por desgracia, la gran mayoría de cintas acabaron destrozadas en un accidente de coche en la autopista Barcelona-Zaragoza a su paso por los Monegros, cuando Miguel, Pei y Ernest se dirigían a Madrid para mover las cassettes por la capital española.